sábado, 15 de marzo de 2014

Arte e identidad en la época de la globalización


http://revistas.um.es/api/article/viewFile/174131/147981 Arte e identidad en la época de la globalización Presenciamos un momento de la historia en que la inestabilidad y el dinamismo se convierten en las características principales del mundo que nos rodea. Uno de los factores desencadenantes de este cambio es el proceso de globalización. Estamos acostumbrados a este término aplicado a los mecanismos de origen económico, pero actualmente se observa como cobra especial importancia para los estudios en el ámbito cultural. En las reflexiones sobre el nuevo orden global a menudo se expresa preocupación por la unificación cultural bajo el paradigma occidental como posible consecuencia a largo plazo. Sin embargo, desde hace unas décadas, se percibe una tendencia clara de la revaloración de la cultura local como un proceso compensatorio frente a la globalización. De un modo paradoxal el mundo globalizado está convirtiéndose, por un lado, en un mundo de diferencia, individualismo, “otredad” y, por el otro, en un lugar de acceso inmediato, de la unificación de los sistemas simbólicos, del imaginario, de la cultura. Los dos caminos de desarrollo cultural, que a primera vista parecen totalmente contrarios, se sobreponen en algún punto creando lo que Bourriaud (2009) en uno de sus últimos ensayos, Radicante, llama “altermodernidad” (p. 42). Este concepto denomina una nueva etapa en la evolución del arte contemporáneo. El autor ve la esencia de nuevo orden en “la cooperación entre una multitud de semas culturales mediante la traducción permanente de las singularidades” (Bourriaud, p.42). El diálogo se hace posible gracias al ejercicio de traducción llevado a cabo por el artista. Obviamente, igual que en el campo lingüístico, el acto de traducir “unidades” culturales a menudo conlleva pérdidas importantes en el sentido del conjunto y, por tanto, distorsiones del mensaje. Aún así, el beneficio del intercambio sobrepasa los riesgos de la fragmentación del contenido. El conflicto entre local y global se convierte en un diálogo a través del lenguaje universal de arte que deja en el pasado la actitud paternalista hacia las manifestaciones de la diversidad cultural. El arte, según Bourriaud, tiene que dejar de clasificar la obra según las pertenencias culturales y territoriales. En un mundo en proceso acelerado de la globalización, donde el concepto del espacio cultural se repiensa continuamente por el desarrollo veloz de los medios de comunicación, es impensable localizar al artista y su obra en un punto espacial específico. Me parece acertada la afirmación de Bourriaud de que no existen actualmente las identidades culturales puras, delimitadas claramente por la pertenencia a un espacio. En su lugar vemos identidades “radicantes” (Bourriaud, 2009, p.22), los individuos unidos por la naturaleza del pensamiento nómada que establecen una relación entre sus raíces culturales y las experiencias adquiridas en el intercambio con el entorno dinámico y el “Otro”. En el arte esto se refleja en la necesidad imperante del diálogo entre valores culturales de origen del artista y el discurso establecido por el arte contemporáneo, heredero de la tradición occidental. Está claro que semejante hibridación cruzada en el campo cultural se hace posible únicamente en el caso de que RECENSIÓN ANNA BORISOVA Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Murcia anna.borisova@um.es © Copyright 2012: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia. Murcia (España) vol 6 / Jun. 2012 275-277 pp ISSN edición impresa: 1889-979X. ISSN edición web (http://revistas.um.es/api): 1989-8452 Coincidencia de visiones global (Bourriaud) y local (Kondakov).