domingo, 2 de marzo de 2014

"ARTE PÚBLICO" Y "ESPACIO PÚBLICO" Vives, Marina


"ARTE PÚBLICO" Y "ESPACIO PÚBLICO" Vives, Marina ¿Arte y res pública, o arte en res pública? Arte Público y espacio público. ¿Arte y res publica, o arte en res publica? El concepto de Arte público se refiere a una suerte de intervención artística en el espacio público, entendido éste como ámbito físico donde los sujetos (ciudadanos) interactúan en un determinado marco geográfico (generalmente urbano o urbanizado), y bajo unas determinadas premisas, a menudo normas sociales (no solamente convivenciales) pautadas por unas instituciones de carácter político, económico, social e incluso “moral”. Quizá no esté de más poner de relieve, antes de continuar con esta disertación, que muchos de los conceptos usados aquí vienen de entrada condicionados por una determinada cosmovisión: no usamos el término “ciudadano” en balde; no hablamos de “ciudad” porque sí; no enmarcamos la pauta institucional como principal condicionante por azar. En efecto, la argumentación que aquí acontece se inmiscuye en un marco referencial claro: europeo (occidental), ilustrado, aburguesado, industrializado, urbanizado, constitucional, “democrático”, liberal. Como apuntara Martí Peran en su intervención para “Fad Cat: xarxes d’opinió”, y como ha dicho en otras ocasiones, no es lo mismo hablar de arte público en “occidente”, donde el territorio está totalmente institucionalizado, que en otros lugares, donde “no todo es Estado”, donde persisten espacios normativamente o urbanísticamente no resueltos, y donde, por ende, la intervención resulte más libre. Así las cosas, el lugar es uno de los elementos relevantes a la hora de hablar de arte público. La amplia aproximación que hemos apuntado al principio (arte público como intervención artística en el espacio público), no entra en conflicto con lo que durante mucho tiempo se entendió con dicho término, esto es (o era), todo aquella obra, generalmente escultórica, que las autoridades se encargaban de situar en un determinado espacio para embellecer (en el mejor de los casos) dichos lugares; en otros casos como muestra o símbolo de un determinado ideario o momento histórico, y que pudiera al fin, representar e instruir a la sociedad en el territorio de la cual se ubicaba la obra. Sin embargo, y desde una perspectiva del temprano siglo XXI, vemos que el así llamado “monumentalismo” (Martí Peran) ha cedido paulatinamente el espacio significante a otro tipo de significado en el marco de la definición de lo que entendemos hoy en día por “arte público”. Quizás albergue este concepto algo inusual: la capacidad de definir conceptos de una forma compartida pero que puedan referirse a procesos con intenciones cuasi opuestas. Y esta oposición proviene de la intención. Lo que entendemos hoy en día por arte público conlleva una connotación de intervención en el espacio público pero en la dirección inversa: ya no son las instituciones las que muestran a la ciudadanía, sino el artista (como ciudadano) quien apela a las instituciones, con la participación de un público co­‐productor. Como indica Paul Ardenne, la primera referencia explícita a la relación del arte/artista con su contexto la encontramos en el manifesto de Jan Swidzinski : “El arte como arte contextual”, en 1976. Desde luego no era la primera vez que el artista estaba relacionado con su contexto; lo que se evidenciaba era una clara intención del artista. Se percibe una voluntad de contacto con la realidad, entendida ésta como hecho, y desde una perspectiva de la experiencia. Así las cosas, podemos identificar la creciente intervención de algunos artistas para con su contexto, o para realidades contextuales que puede que no sean las suyas directas, pero en cuales éstos artistas ven necesario producir (actuar), y desarrollar un acto, en definitiva, de mediación. Esta intervención no es baladí. Se enmarca en toda una evolución del concepto artístico per se, y señala nuevos roles en el hecho artístico. Por un lado, el artista se despoja de su aura de genio creador, de su imagen de bohemio desconectado/a del mundo real. Al concentrar su obra y el proceso creativo en un espacio público, el simple (que no sencillo) proceso creativo deviene partícipe, en espacio y tiempo, de ésta sociedad, a la que no solo le reclama su lugar como parte constituyente, si no a la que además se refiere como parte constitutiva. El artista que desarrolla su trabajo en el espacio público es un artista comprometido con su “realidad”, sitúa su trabajo en la esfera de la crítica social, de forma más o menos evidente. Es un actor partícipe y motivado, y su producción artística precisa con frecuencia la interacción de un público, co-­‐ciudadano, y no siempre voluntario. Por otro lado, y siguiendo lo expuesto, el público deja de ser un receptor más o menos especializado que acude voluntariamente a ver arte a un espacio dedicado específicamente para ello (museos, galerías, ferias): al tomar el artista el espacio público, surge un “nuevo” tipo de público-­‐receptor, el cual pasa a participar de la obra y de su proceso, puede que por el mero hecho de estar presente en un lugar y un momento determinados. Éste público es susceptible de ser considerado, a partir de ahora, coproductor de un proceso artístico, con intenciones diversas y con resultados, a priori, desconocidos. Si tomamos estas intervenciones artísticas en el espacio público como una nueva definición de “arte público”, efectivamente podemos evidenciar algunas de las características que hemos identificado: el artista creador se convierte en productor (o coproductor) de una intervención. Esta disolución de la autoría viene corroborada por la existencia de “colectivos” y pseudónimos: ya no importa tanto quién, si no qué. La preeminencia del discurso, del mensaje, opera notoriamente en una tendencia de señalar un conflicto o situación injusta como motivación de la producción artística. La interactuación es parte del juego. El proceso de “empoderamiento” del espacio forma parte de un proceso social más amplio de búsqueda de reapropiación de un espacio a priori destinado para nuestro (de la ciudadanía) deleite, pero pautado en exceso por unas instituciones (autoridades). En este sentido, existen diversos ejemplos que, a territorio nacional pueden ilustrar esta tendencia de intervención crítica y orientada, que suele presentarse de forma interdisciplinar, abarcando espacios de la arquitectura, el arte, la ecología y el reciclaje, las ciencias sociales, la informática, etc. Por citar algunos nombres de personas y colectivos que trabajan en esta línea: Recetas Urbanas de Santi Cirugeda, TxP, RE:Farm the city, Democracia, Idensitat, Ramon Parramon, La Fundició, Antoni Abad, Manuel Delgado (…). Pero en lo que a arte público se refiere, queda preguntarse si dichas prácticas, como apuntara Gloria Picazo en “Ofensivas Urbanas: arte y disidencia” son al fin y al cabo eficaces, o dicho de otro modo, si estamos hablando de una trascendencia efectiva del arte en el espacio público y la realidad social, o se trata tan solo de un nuevo espacio para la presentación de la producción artística, siendo su interpretación aun limitada al mundo artístico. http://www.masterarteactual.net/spip.php?article146